jueves, 6 de febrero de 2020

PASEO FILOSÓFICO



Siguiendo propuestas vistas, como amante de la historia y sin dejar de ver su unión con la filosofía, un paseo filosófico me parece algo maravilloso. La Filosofía sin su contexto histórico es difícil de entender. No podemos odiar hoy por machista a Aristóteles, pues hay que entender aquella Grecia Clásica.

Un paseo filosófico nos acerca al momento histórico, a través del lugar o monumento. Y no lleva a crear nuestra pregunta-respuesta. Seria “algo” fenomenológico, que llevaría al alumno de secundaria a prepararse ante los grandes fenomenólogos (Husserl, Heidegger, Scheler).


Pero la propuesta de paseo filosófico puede que venga de los peripatéticos. Seguidores del pensamiento aristotélico que se distinguían por el caminar mientras daban clases en el Liceo. Ellos pensaban que el caminar abría la mente.

Podríamos seguir la costumbre de andar por los jardines y parques de nuestro entorno, haciendo que las dudas y sus respuestas nazcan de lo que nos rodea en ellos. Qué el ver un bebe nos haga nacer la curiosidad del inicio de todo, y a su abuelo empujando su carro, el fin de todo. Sin tener porque decir que lo que hacemos es metafísica. Será una primera aproximación que nos llevará a ella.

También, como he mencionado antes, un paseo filosófico nos acerca a la filosofía fenomenológica. Pues el alumno ve cómo el fenómeno que tiene delante representa poder, naturaleza, justicia. Etc. Y, ante él se pregunta, surge su idea de cómo se da la idea filosófica en relación con el fenómeno presente.

Por ello, historia, fenómenos y pensar-caminar se unen para formar un trio perfecto. El alumno conoce el contexto en el que se da el fenómeno, pues se para a conocerlo. Paseando se da la actividad del filosofar, como todo un peripatético. Y, por último, el fenómeno con el que se encuentra ejercerá sobre él una influencia que cambiará su modo de pensamiento.

Aunamos Filosofía, Historia y, por qué no, un poco de salud física.

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